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¿Por qué motivo la menta modifica la percepción del sabor?

Jue, 23 diciembre, 2010

La frescura de los caramelos o los chicles de menta se hace claramente patente en nuestra boca tan pronto como cogemos una rodaja de naranja que, de hecho, no sabe tan dulce como podíamos esperar. En lugar de eso, nuestros receptores del gusto nos dan el aviso de “amargo”.

No es raro, pues el mentol no sólo nos proporciona una sensación fresca, sino que también tiene un efecto ligeramente anestésico. Cuanto más mentol, más picante será el caramelo y mayor el anestésico hasta que los receptores de sabor quedan fuera de combate y rebajen su función.

Nuestros nervios gustativos pueden diferenciar entre el dulce, amargo, salado, ácido y umami, y están repartidos por toda la lengua, pero ese reparto no es equilibrado. En la parte delantera de la lengua hay más receptores para el dulce y en la trasera, detrás de la garganta, más para las sustancias amargas.

Los caramelos fuertes los chupamos en la parte delantera de la boca ya que, si los desplazamos hacia atrás, deberíamos precarvenos para evitar que esa dura golosina, a causa del reflejo de la deglución, nos entrara de golpe y de una sola pieza en el esófago. También quedan anestesiados los receptores de sabor de la punta de la lengua. Esto lleva a que el sabor dulce de la rodaja de naranja quede filtrado casi por completo. Sin embargo, las sustancias amargas las percibimos en toda su extensión. Por el mismo motivo, las golosinas hechas con sustancias de sabor amargo no sabe a nada después de lavarnos los dientes con crema de menta.

Vía | ¿Cuánto pesa una nube? de Iris Hammelmann

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